miércoles, 28 de diciembre de 2016

Nahual

El antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán, en su libro Medicina y magia (1992: 97 ss.; cf. López Austin, 1980: 395 ss.), busca el significado etimológico de la palabra Naualpilli (de naua ‘sabiduría, ciencia, magia’ y pilli ‘jefe, principal, grande, o sea, mago en jefe, principal hechicero o Gran Nahual’).

En el Códice Florentino se enumeran las características del nahualli: 
El nahualli es sabio, consejero, 
depositario [de conocimientos], sobrehumano,
 respetado, reverenciado, 
no puede ser burlado, no se le puede 
hacer daño, 
no hay levantamiento frente a él.
 El buen nahualli es depositario de algo,
 hay algo en su intimidad. 
Es conservador de las cosas, observador.
 Observa, conserva, auxilia. 
A nadie perjudica. 
El nahualli malvado es poseedor de 
hechizos, embrujador de la gente. 
Hace hechizos, hace girar el corazón de 
la gente, 
hace dar vueltas el rostro de la gente, 
invoca cosas [maléficas] en contra de la gente, 
obra contra la gente como tlacatecólotl, 
se burla de la gente, turba a la gente. 
(apud Aramoni Calderón, 1992: 367.)

El antropólogo Francisco Rivas Castro explica que el Nahual esta presente en la tradición mexicana desde hace mas de 3,000 años; su figura, afirma, era para las culturas prehispánicas uno de los elementos de mayor relevancia espiritual. "A diferencia de los nahuales que hoy conocemos, en el pasado era un espíritu compañero, un guardián que todas y cada una de las personas poseía junto con la 'tona' -'el calor que da vida', algo parecido al alma en la cultura cristiana-", menciona este investigador interesado en rescatar y dignificar la imagen de los nahuales. 
De esta manera ambos, ´tona´y ´nahual´, conviven en cada hombre, mujer y niño sin excepción, bajo la forma de un animal, que puede ser desde un pequeño ratón hasta un enorme cocodrilo, o algún fenómeno o elemento natural, como la lluvia, frío, el granizo, fuertes vientos e incluso los astros. Él era el encargado de cuidar y guiar a las personas a lo largo de su vida, por lo que entre hombres y nahuales existía u profundo vinculo que se rompía solo con la muerte. 
Fue el historiador mexicano Alfredo López Austin (nacido en 1936) quien recuperaría esta faceta del nahual como 'ente protector' y no como espectro diabólico. 






Su connotación prehispánica es en general positiva, pero también se sabe de nahuales oscuros que causabn daño y hacían tomar decisiones equivocadas a sus compañeros humanos, así como de otros con la capacidad de transformarse en sus nahuales a voluntad. Según Fray Toribio de Benavente, quienes poseían el 'don' de la transmutación eran encargados de resguardar el conocimiento y protectores de la comunidad, por lo que ocupaban un lugar privilegiado. Estas personas por lo general eran hechiceros y sacerdotes, pero a diferencia de lo que ahora se cree, su función no era la de asustar o robar, sino proteger los especios sagrados y ser un vinculo con el mundo natural. "En la epoca antigua el nahual era 'ojo' y 'garra'. Ojo porque vigilaba que todo estuviera en orden, garra porque tenia el poder de castigar a aquellos que trasgedían las reglas", dice un texto de fray Juan de Torquemada (1557-1624), "eran ellos quienes impartían la justicia". Los nahuales tenían otras habilidades como manejar la lluvia o el granizo, según lo requieran las cosechas (temperos), eran curanderos y dominaban el arte de la adivinación. Cada nahual tenía características diversas que compartía con su respectivo humano. 



Con la llegada de los españoles la imagen de estos espiritus es cambiada radicalmente debido a la supresión de idolatrías ejercida por el cristianismo. De la unión de creencias indigenas y europeas surge la representación actual de los nahuales. 


Fuente: Mitos y Leyendas, Muy Interesante, 2015; El camino del tonal y del nahual. Rumbo a una nueva proyección de la brujería, Alejandro Martínez de la Rosa, Maestría en estudios Latinoamericanos, UNAM.

http://www.gazeta-antropologia.es/wp-content/uploads/G22_04IdiM_Flores_Duran.pdf
http://apoyoalnahuatl.blogspot.mx/2011_04_01_archive.html

viernes, 2 de septiembre de 2016

El Callejón Del Beso

Se cuenta que doña Carmen era hija un hombre intransigente y violento, pero como suele suceder, el amor triunfa a pesar de todo, y doña Carmen era cortejada por don Luis, un pobre minero de un pueblo cercano. Al descubrir su amor, el padre de ella le encerró y amenazo con internarla en un convento; según su padre doña Carmen debía casarse en España con un viejo rico y noble, con lo cual el padre acrecentaría considerablemente sus riquezas. 
La bella y sumisa criatura y su dama de compañía, Brígida, lloraron e imploraron juntas, y resolvieron que la dama de compañía le llevara una misiva a don Luis con las malas noticias. 
Ante este hecho, don Luis decidió irse a vivir a la casa que estaba justo en frente de la de su amada, la cual adquirió a precio de oro. Esta casa tenía un balcón que daba a un callejón tan angosto que se podía tocar con la mano la pared de enfrente. 
Un día se encontraban los enamorando platicando de balcón a balcón, y cuando más abstraídos estaban, del fondo de la pieza se escucharon frases violentas. Era el padre de doña Carmen increpando a Brígida, quien se jugaba la vida misma por impedir que el amo entrara a la alcoba de su señora. Por fin, el padre pudo introducirse y con una daga en que llevaba en la mano dio un solo golpe, clavándola en el pecho de su hija. 
Doña Carmen yacía muerta mientras una de sus manos seguía tomada a la de don Luis, quien ante lo inevitable sólo dejó un tierno beso sobre aquella mano. 
Desde ese entonces se cree que, para elevar su amor al cielo, para la buena suerte en el amor o simplemente para llevar a cabo una bella tradición, las parejas deben besarse en el tercer escalón del callejón del beso... Justo donde dos balcones se encuentran tan cerca que una persona podría tocar con la mano la pared frente a ella. 

Fuente: Oral.

jueves, 12 de mayo de 2016

El Hilo Rojo del Destino (Unmei no akai ito)

Como todas las buenas leyendas, la del Hilo Rojo del destino tiene varias versiones, todas igual de hermosas, todas igual de románticas... Todas con un propósito en común: Guardar la esperanza del amor eterno en el destino. 

Se dice que las personas predestinadas a conocerse se encuentran unidas por un hilo rojo atado al dedo meñique, este hilo es invisible y según la leyenda japonesa, el hilo del destino nace con la arteria ulnar, (arteria ulnaris), la cual conecta al corazón y ésta, a su vez, hace un recorrido que va desde el centro del pliegue del codo hasta el borde interno del brazo y la palma para concluir en el dedo meñique. 


El hilo rojo se puede enredar, contraer y estirar, pero nunca romper... 


La Leyenda cuenta que un anciano vive en la luna, sale cada noche y busca entre las almas aquellas que están predestinadas a unirse en la tierra, y cuando las encuentra las une con un hilo rojo para que no se pierdan. 



Hace mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa que tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mando traer ante su presencia.

Cuando la bruja llegó, el emperador le ordeno que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa; la bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo. Esta búsqueda los llevo hasta un mercado en donde una pobre campesina con una bebe en los brazos ofrecía sus productos.

Al llegar hasta donde estaba esta campesina, se detuvo frente a ella y la invito a ponerse de pie e hizo que el joven emperador se acercara y le dijo : “Aquí termina tu hilo” , pero al escuchar esto , el emperador enfureció creyendo que era una burla de la bruja , empujo a la campesina que aun llevaba a su pequeña bebe en los brazos y la hizo caer haciendo que la bebe se hiciera una gran herida en la frente , ordeno a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza.

Muchos años después, llego el momento en que este emperador debía casarse y su corte le recomendó que lo mejor era que desposara a la hija de un general muy poderoso. Aceptó y llegó el día de la boda y el momento de ver por primera vez la cara de su esposa, la cual entro al templo con un hermoso vestido y un velo que la cubría totalmente.



Al levantarle el velo vio por primera vez que este hermoso rostro…. tenía una cicatriz muy peculiar en la frente.

Fuentes: 
http://www.miscuriosidades.com/2014/10/el-hilo-rojo-del-destino.html
http://lasmejoreshistoriasyreflexiones.blogspot.mx/2015/05/el-hilo-rojo-del-destino-leyenda.html

PD: Algunas personas agregan un texto de Paulo Cohelo acompañando esta hermosa leyenda, como para reforzarla, pero es tan triste lo que el dice, y generaliza de manera tan amplia... Que pienso que al ponerla solo lo hubiera arruinado todo. Si la llegan a leer... Bueno, perder o ganar a quienes en verdad amamos mientras seguimos vivos es algo que, mas bien, decidimos nosotros (En mi opinión). El destino solo nos ayuda con un empujonsito... En forma de hilo. 

lunes, 14 de diciembre de 2015

Villa Inunaki

Según fuentes en internet esta es una fotografía real de la entrada
de la Villa Inunaki
En japón abundan las leyendas y las villas... les traigo una historia que une a estas dos: La Leyenda de la
Villa Inunaki. Su existencia no es acreditable y no se sabe su ubicación exacta, pues no figura en los mapas de Japón y la unica prueba de su existencia son las aseveraciones de viajeros sobrevivientes que aseguran haber estado allí... El único problema es que todos ellos están dementes.
De las palabras de estas victimas ha surgido la leyenda, la cual cuenta que a la entrada de esta villa hay un letrero que reza la siguiente advertencia: 
"Las leyes constitutivas de Japón no tienen valor aquí" 
 Cualquiera diría, que esta escalofriante amenaza ahuyentaría a cualquier alma que tuviera el infortunio de cruzarse con este sitio, pero hay quienes, armados del valor que da la incredulidad, o habiendo escuchado anteriormente esta leyenda, se atreven a entrar a esta villa, para constatar con ojos propios los horrores que en ella viven sus habitantes día con día. La leyenda dice, que dentro de la villa se ven las peores fechorías humanas, fruto de la ausencia de las leyes, entre las que figuran el canibalismo, los asesinatos, las violaciones y el incesto, siendo estos últimos los que mantienen su existencia.
Pero, se preguntaran... Con la abundancia de la tecnología de hoy en día... ¿Como es que no existe ni una prueba de su existencia? ¿Porque no hay registro de ninguna llamada de auxilio? ¿Porque nadie sale de ahí huyendo? Pues, los dementes sobrevivientes aseguran también que apenas cruzas el letrero de la entrada, todo aparato electrónico empieza a dejar de funcionar, incluso los carros, y que, aun existiendo teléfonos públicos, estos no emiten llamadas al exterior. 
Aún con todos estos hechos... Muchos no alcanzaremos a imaginar porque este lugar podría seguir existiendo... Pero, quizá, hay quienes disfruten la idea de un pueblo sin leyes. 

Fuentes: Paginas de Internet variadas. 

jueves, 16 de abril de 2015

La Ciudad Radiactiva de Pripyat

Pripyat, antes una metrópoli de ensueño, es ahora una ciudad fantasma cercana a la central nuclear de Chernóbil; el lugar tuvo que ser evacuado de emergencia en 1986 tras el accidente atómico. En esta precipitada huida, sus casi 50,000 habitantes tuvieron que abandonar sus casas y todos sus objetos personales de forma apresurada, dejando atrás su vida y todos sus recuerdos. 

Desde entonces, esta urbe ha permanecido abandonada a su suerte, siendo al día de hoy un excepcional testigo mudo de la última etapa del comunismo soviético, y de una tragedia que al día de hoy sigue siendo causa de polémica y dolorosos recuerdos. 

Pripyat nació en 1970 en Kiev, norte de Ucrania, a solo 3 kilometros de Chernóbil. Su objetivo era servir como una ciudad dormitorio para los trabajadores de la central y sus familias. Desde sus inicios se concibió como una urbe moderna y agradable, bien comunicada, con zonas de ocio y cultura. La delincuencia era nula. Su perfección era tan grande e innovadora, que se ganó el sobrenombre de La Ciudad del Futuro. 



Sin embargo, la idílica vida de sus ciudadanos, se vio bruscamente truncada la madrugada del 26 de abril de 1986, cuando explotó el reactor número cuatro de la central vecina, causando la expulsión a la atmósfera de gran cantidad de material tóxico y radioactivo. Este vertido venenoso, fue 500 veces mayor que el liberado por la bomba atómica arrojada en Hiroshima en 1945, y afectó a trece países Europeos.

En la mañana del día 26, el ejército cerco la ciudad y estuvo realizando mediciones de radiación, perono informo de la gravedad del accidente, ni proporciono medidas preventivas a la población, que continuó haciendo su vida cotidiana de forma habitual. Por la noche los niveles de radiación eran ya 600.000 veces superiores a los normales, de modo que a las 22:00 horas se tomó la decisión de evacuar Priypiat al día siguiente.

Durante la noche mas de 2,000 autobuses llegaron al lugar. El día 27 de Abril se comunico de forma oficial que se había producido " un accidente de fisión no requerida" una "situación insatisfactoria de radiación", y como medida de seguridad se iba a proceder a evacuar a todos los ciudadanos por tres días, por lo que no era necesario llevar consigo ningún objeto personal, solo documentación y comida para el viaje. 

La evacuación comenzó a las 14:00, 36 horas después de la explosión, y a las 17.00 ya estaba finalizada. El 28 de abril la noticia llego a la opinión pública, mediante un escueto comunicado que no reflejaba la dimensión del suceso.



No fue hasta el 14 de mayo cuando la URSS, ante la imposibilidad de seguir ocultando los hechos al mundo, decidió a través del secretario general Mijail Gorbachov, leer un completo informe que reflejaba la verdadera magnitud de la tragedia. Fue tal el calibre de este incidente, que estudios científicos creen que la radiactividad de la zona no desaparecerá hasta pasados 25.000 años.

Después del accidente se construyó un sarcófago de hormigón para aislar el reactor dañado. Asimismo se estableció una zona de exclusión en 30 kilómetros alrededor, que a día de hoy sigue siendo vigente y fuertemente vigilada.

En toda esta labor fueron clave los liquidadores, personas anónimas que con su esfuerzo y trabajo minimizaron las consecuencias del desastre, y que en muchos casos pagaron su coraje con la vida.

Desde entonces, Pripyat fue totalmente abandonada a su suerte. En los años posteriores al suceso, la ciudad fue saqueada en gran parte y victima del vandalismo y de la falta de mantenimiento.

Pese a todo, la naturaleza se ha ido abriendo camino poco a poco. De este modo, la flora y la fauna del lugar han ido en aumento pese a la radiación, llegando a “invadir” numerosos edificios de la ciudad, e incluso asentándose jaurías de lobos en sus calles. Esto ha sido posible en gran medida gracias a la ausencia de humanos en la zona.

El caso más llamativo es el del llamado bosque rojo, un paraje cercano a Chernóbil que estaba repleto de pinos, que adoptaron un singular color rojizo tras absorber grandes niveles de radiación, y que hoy en día vuelve a albergar vida animal.




El halo de misterio que envuelve todo este entorno es tal, que Pripyat ha sido escenario del libro El ciclista de Chernóbil, del videojuego S.T.A.L.K.E.R.: Call of Pripyat e incluso de una película de terror titulada Encerrados en Chernóbil.

Finalmente añadir que aunque la central cesó su actividad definitivamente en el año 2000 (hasta ese momento seguían en activo varios reactores), a día de hoy todavía hay cierto flujo de trabajadores que realizan labores de investigación, descontaminación y construcción de un nuevo sarcófago.

Fuente: http://www.ionlitio.com/


viernes, 20 de marzo de 2015

Jabón Nazi Fabricado con Grasa de Judíos

Son decenas las leyendas que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, hablan de lascomercializaron una pastilla de jabón elaborada con grasa de prisioneros judíos previamente asesinados y hervidos. ¿Realidad o ficción? Ni una cosa ni la otra ya que, aunque es falso que se vendiera, este experimento sí vio la luz a pequeña escala.
sanguinarias prácticas realizadas por los nazis con los presos de los campos de concentración. Desde fabricar lámparas con piel humana hasta llevar a cabo crueles ensayos con seres humanos, es imposible desligar a los hombres de Hitler de la brutalidad y la barbarie. Sin embargo, hay un mito especialmente recurrente por su capacidad para poner los pelos de punta: el que afirma que, en 1943, los científicos alemanes 
Corría por entonces el año 1943 en una Alemania inmersa hasta la ingle en la Segunda Guerra Mundial y abrumada por la ingente cantidad de prisioneros que copaban los campos de concentración. En aquella época, los hornos crematorios de los nazis funcionaban a pleno rendimiento con un único objetivo: evitar la acumulación de cadáveres judíos que generaba la denominada «Solución final» (o exterminio) ordenado por Hitler. La única premisa era la muerte indiscriminada de hombres, mujeres, niños y ancianos para orgullo del Führer.
No obstante, siempre es posible generar más maldad de la ya existente y, en ese contexto de muerte sin razón, alguien tuvo una idea: ¿Por qué no usar los restos de los cadáveres en provecho de Hitler? Increíble pero cierto. Así pues, se generó una gran industria en torno a los cadáveres de los prisioneros judíos. Entre los diferentes «productos» vendidos por los líderes nacionalsocialistas de entonces se destacó, por ejemplo, el pelo humano, el cual era usado para elaborar pelucas femeninas. Había comenzado, en definitiva, la época más cruel del Tercer Reich. Un tiempo que haría correr ríos de sangre y que motivaría la extensión de la leyenda más macabra de la época, la del jabón que se fabricaba con grasa humana.

La leyenda

Esta leyenda no brotó, curiosamente, con la llegada del nazismo, sino que fue creada por los británicos en 1917 durante los años de la Primera Guerra Mundial. Por entonces, el diario «The Times» difundió en un reportaje que los alemanes elaboraban jabón con la grasa de los prisioneros ingleses tras hervirlos. Aquella mentira causó tanto revuelo que, ocho años después, tuvo que ser desmentida por el mismo Austen Chamberlain –el secretario de asuntos exteriores del Reino Unido-. Pero ya era tarde, pues la semilla de la desconfianza había sido sembrada y había provocado una leyenda que resistiría el paso de los tiempos.
La llegada de la Segunda Guerra Mundial -en 1939- hizo que este mito volviera a salir a la luz acompañado, a su vez, por una nueva mentira: la que decía que los nazis no sólo estaban fabricando jabón a partir de prisioneros, sino que lo habían comercializado a gran escala. «La acusación (…) fue creída por muchos hasta hoy. Al parecer, el único sustento real de esta creencia era que la principal marca de jabones a la venta en la época se llamaba RIF, palabra que era interpretada como las siglas de “Reines Jüdisches Fett” (“Grasa pura de judío”), cuando en realidad lo era de “Reichsstelle für industrielle Fettversorgung” (“Centro Nacional para la Provisión Industrial de Grasa”)», señala Justino Balboa en su libro «Los grandes enigmas de la Segunda Guerra Mundial».

Una dura realidad

Sin embargo, la desgracia quiso que, años después, esta falacia se convirtiera en realidad por obra y desgracia de un científico nazi llamado Rudolf Spanner, director del Instituto Anatómico de Danzig. Todo comenzó cuando este investigador alemán solicitó al Reich que le enviara decenas de prisioneros del hospital psiquiátrico de Konradstein y del campo de concentración de Struthof-Natzweiler para que le «ayudaran» en un nuevo experimento. Dicho y hecho, pues era 1943 y Hitler andaba sobrado de reos. Una vez en el laboratorio, el doctor ordenó asesinarlos y hervirlos para que su grasa se desprendiera del cuerpo y pudiera usarse para fabricar jabón.
Así recordaba Sigmund Mazur, asistente de Spanner, aquellos crueles asesinatos en el juicio que se llevó a cabo en Núremberg contra los líderes nazis tras la contienda: «Los cadáveres llegaban en un promedio de siete y ocho por día. Todos habían sido decapitados y estaban desnudos. A veces llegaban en un carro de la Cruz Roja y otras en un camión que podía contener hasta cuatro cuerpos (…) Luego se cocían de 3 a 7 días y se recogía su grasa (…). Esto se hacía desde 1943, cuando Spanner nos dijo que recolectáramos toda la grasa que pudiéramos».
Mediante esta repulsiva técnica, el doctor consiguió elaborar entre 10 y 100 kilos de jabón que utilizó de manera personal y regaló a sus más allegados. «De acuerdo con los testimonios de Spanner tras la guerra, el jabón fue usado terapéuticamente inyectándolo en ligamentos de articulaciones. Salvo en este caso aislado, no existen pruebas de que se haya usado grasa humana, judía o no, de forma continua o no, durante el período nazi. De hecho, los experimentos de Spanner se interrumpieron inmediatamente en cuanto el jefe de las SS escuchó el rumor», finaliza el autor español en su obra.

Fuente: http://www.abc.es/archivo/20140407/abci-jabon-nazi-grasa-judios-201404041313.html

martes, 6 de enero de 2015

Baba Yagá

Baba Yagá es vieja, huesuda y arrugada, con la nariz azul y los dientes de acero y posee una pierna normal y una de hueso por lo que a menudo se le da el apelativo de “Baba Yagá Pata Huesuda”. Estas dos piernas representan al mundo de los vivos y el mundo de los muertos en los cuales ella deambula. Baba Yagá es un ser perverso y cruel, pero no totalmente malvado; come personas, generalmente niños. Sus dientes le permiten romper huesos y desgarrar la carne con facilidad. A pesar de que  consume diariamente grandes cantidades de carne, ella siempre tiene ese aspecto delgado y huesudo. Vuela montada en un almirez (a veces una olla) y rema el aire con una escoba plateada. No permite que ninguna persona “bendecida” permanezca dentro de su propiedad, siempre y cuando Baba Yagá sepa que la persona tiene una bendición.
Vive en una choza que se levanta sobre dos enormes patas de pollo que le sirven para desplazarse por toda Rusia. La valla de su choza esta adornada con cráneos, en cuyo interior coloca velas. Para entrar en la casa, Baba Yagá dice el conjuro “Casita Casita, da la espalda al bosque y voltea hacia mí”. El interior de la choza siempre está llena de carne y de vino. También es resguardada por los sirvientes invisibles de Baba Yagá, los cuales aparecen como manos espectrales. Baba también tiene a su servicio a los caballeros blanco, rojo y negro, los cuales controlan el día, el atardecer y la noche.
Se cuenta que envejece un año cada vez que le hacen una pregunta y que para rejuvenecer bebe un té hecho de las extrañas rosas azules, por lo cual recompensa enormemente a las personas que le traen alguna de estas rosas.
Fuente: Leyendas Rusas

lunes, 8 de diciembre de 2014

El Callejón Del Suspiro


Cuenta la leyenda que a mediados del siglo XVII la capital de la Nueva España era prodigiosa en fantasmas, aparecidos y fenómenos sobrenaturales, y que en aquel entonces todas las noches un ser espantoso se aparecía en el Callejón del Suspiro lanzando horribles y temibles lamentos, que según cuentan los viejos, provocaron muchas muertes y terror entre los habitantes.


En una silenciosa y oscura noche mientras un caballero caminaba por aquel callejón, de pronto se detuvo al escuchar un extraño ruido que semejaba un doliente suspiro. Su cuerpo se estremeció y de inmediato preguntó:

- ¿Quién va?, ¿quién anda ahí?

Pero no hubo respuesta. Después de unos momentos el doloroso gemido se dejó escuchar otra vez, pero ahora en forma tan profunda que el caballero sintió un agudo escalofrío que congelo su sangre. Aquel suspiro semejaba el quejido angustioso de un agonizante. Pensó que quizá alguien intentaba asaltarlo y empuñó su espada dispuesto a enfrentarlo. De pronto, al tiempo que el suspiro se dejó de escuchar nuevamente, apareció un fantasma. El caballero gritó despavorido:

- ¡Vive Dios!, pero si no sois un ser viviente, ¡sois un muerto!

El fantasma se le acercó lentamente mientras el caballero daba pasos hacia atrás gritando que no quería tener nada que ver con seres del otro mundo, mas como el fantasma volvió a emitir desgarrador suspiro, el caballero, aterrorizado se echó a correr; dejando caer su espada, único testigo de aquella escalofriante aparición.

Pasadas algunas noches, dos borrachines alegres cruzaban por el callejón, cuando de pronto, a lo lejos, vieron a una dama. Ambos pensaron que justamente era una mujer lo que necesitaban para completar su juerga. Estaban tan borrachos que casi no podían tenerse en pie, pero de cualquier forma se le acercaron para abordarla y, cuando la tuvieron en frente, la espantosa aparición emitió aquel doloroso y terrible suspiro. Los hombres gritaron:

- ¡Es una muerta!, ¡huyamos!, ¡salgamos de aquí!

Al instante corrieron llenos de pánico hasta desaparecer en la oscuridad de la noche. En esta ocasión no hubo testigos, ya que los ebrios, aunque llenos de espanto, jamás soltaron sus botellas de vino.

Noches después, el criado del Marqués de Falces tuvo que cruzar por el extraño callejón para acortar distancia y cumplir con el encargo de su amo. Caminaba a toda prisa, cuando inesperadamente aquella imagen fantasmal le salió al paso emitiendo el doloroso suspiro. El hombre, al verla, se desplomó y callo al suelo.

Horas después, cuando los soldados de la ronda pasaron por el callejón, lo encontraron muerto.

Lo extraño es que el cuerpo no presentaba ningún signo de violencia, heridas ni golpes. Uno de los soldados explicó al capitán que eran ya varias las veces en que había visto morir a la gente de esa misma forma y seguro estaba de que ese hombre murió de miedo, además, de que al vulgo le había dado por llamar a ese callejón el Callejón del Suspiro, porque decían que ahí se aparecía un fantasma suspirando.

Tres noches después de ese lamentable acontecimiento, precisamente en la noche de Santa Eduwiges, en una de las calles cercanas al ya temido callejón, se descompuso el carruaje de Doña Delfina de Sotelo. Ella y sus dos hijos caminaban después de salir de misa de gallo y de dirigían a su casa situada en la calle de la Joya. Doña Delfina propuso acortar la distancia cruzando por el tenebroso callejón.

La familia se aventuró por el callejón, y al poco tiempo la fantasmal aparición bloqueó su paso emitiendo el espeluznante y tenebroso suspiro. Doña Delfina apenas tuvo tiempo de gritar y cayó muerta. Su hija al verla, desesperada abandonó el callejón víctima de indescriptible pánico. Corrió pidiendo auxilio y encontró a dos hombres que detuvieron su frenética carrera. La muchacha al verlos, sólo pudo balbucear, al tiempo que señalaba con su dedo hacia el callejón:

- ¡Allá en el callejón...! ¡allá...! ¡mi madre!

Y entonces se desmayó.

Los caballeros llegaron al callejón y encontraron al pequeño hijo de Doña Delfina idiotizado ante el cadáver de su madre. Sin poder explicarse el motivo de tal tragedia, llevaron al niño al cercano convento de San Francisco y dieron su parte a la justicia.

La justicia representada por el santo oficio tomó cartas en el asunto y a juzgar por las investigaciones de ese santo tribunal, ya eran once las muertes que había causado la aparición fantasmal, y ante tales hechos criminales, el oidor mayor ordenó que se buscara y apresara el alma de la mujer desconocida que solía aparecerse por el callejón que llaman el suspiro y una vez aprehendida, fuera conducida ante el santo tribunal para ser juzgada.

Los miembros de la santa hermandad llegaron al callejón e invocaron al fantasma llamándolo 3 veces, pero no respondió. Todos los ojos escudriñaron en las sombras esperando ver al ser del otro mundo, pero el fantasma no apareció. Entonces decidieron regresar al día siguiente para intentarlo otra vez.

A la medianoche del día siguiente, el aparato religioso que luchaba contra los trasgos y demonios regresó al callejón, mas llamado nuevamente 3 veces, el fantasma no respondió, ni se apareció durante varias noches, después de habérsele invocado inútilmente.

Semanas mas tarde, fray Matías de Tolentino regresaba a su convento después de haber confesado a un agonizante. Era viejo y deseaba acortar sus cansados pasos para recogerse en la quietud de su monasterio, cuando escuchó aquel tenebroso suspiro.

Fray Matías gritó:

- ¡Dios sea bendito y alabado!; ¡aparición del otro mundo que por la tierra vagas! ¡¿qué deseas de este humilde fraile?! ¡habla en nombre de Dios!; mas hazlo pronto, pues mi alma es vieja como mis huesos y no resistiré mucho tu presencia.

Y entonces, por vez primera, de la boca descarnada de aquel fantasma escapó una voz, de sonido hueco y olor húmedo de tumba.

- Mi nombre en vida fue el de Anunciación Avelar y estuve comprometida en matrimonio con don Alonso García de Quevedo.

De pronto el viejo fraile, en la confusión de su mente vio claramente la imagen encarnada de aquel fantasma, quien le relató su triste historia infiriendo la causa por la que deambulaba por el callejón. Esa misma causa había sido una pena de amor. Esta es la historia escrita, posteriormente, por el fraile:

<< Doña Anunciación estaba ansiosa por casarse pero temía que don Alonso, el novio que estaba en España, no llegara en la fecha fijada para la boda. Don Gabriel, su padre, aseguraba que don Alonso llegaría a tiempo. Desgraciadamente los temores de Doña Anunciación se hicieron realidad: el caballero que tan ansiosa esperaba, nunca llegó y jamás se supo si fue muerto o cambio de idea. Al paso de los años Anunciación fue perdiendo su vida encerrada, sin comer, y con apenas dormir. Su llanto era inagotable, y como era de esperarse, con el paso del tiempo cayo enferma. Meses después murió entre gemidos y suspiros. Los médicos dijeron que su muerte se debió a una tuberculosis provocada por la pena y el ayuno. >>

Cunado oyó esto, el viejo fraile le pidió que callase y lo dejara en paz. Que buscara a otra persona para solicitarle ayuda, pero la fantasmal figura le dijo angustiada que sólo él podría ayudarla, casándola. Consternado, fray Tolentino le dijo que no era posible casar a una muerta y a un ser de este mundo; el espectro le pidió que los casara en espíritu, porque ya estaba cansada de penar desde hacía cien años. Fray Tolentino mostrándole una cruz exclamó:

- ¿Cien años? ¡Regresa a tu lugar espíritu errabundo! ¡Yo te lo ordeno en nombre de Dios!

Entonces el fantasma se esfumó en la penumbra de la noche y el fraile emprendió el regreso a su convento.

Así transcurrieron 6 años mas sin que la santa inquisición lograra atrapar al fantasma. Les resultaba imposible apresarlo y fue entonces que decidieron tapiar el callejón.

Después de 50 años la gente se olvido del Callejón del Suspiro. 

Pero cuenta la leyenda que un día, un caballero vestido con suma elegancia al estilo del siglo pasado, estuvo recorriendo las calles cercanas a la Plaza Mayor.

Aquel caballero misterioso, angustiado preguntaba a cuanto transeúnte se topaba con él por el paradero de Doña Anunciación Avelar, pero nadie supo darle razón de ella.

Y así pasaron varios meses, hasta que una noche después de tanto caminar el caballero misterioso, sin proponérselo, llego al Callejón del Suspiro, el cual, en ese entonces había sido destapiado.

En ese momento algo llamó su atención: era la luz de una casa que se encontraba al fondo de aquel callejón; sus ojos brillaron de alegría y presuroso llegó hasta la puerta de esa casona. Tocó varias veces hasta que el mozo le abrió.

- ¿Vive aquí Doña Anunciación Avelar? - preguntó el caballero. El mozo contestó: - En efecto, aquí vive y lo esta aguardando.

El caballero entró y se quedó contemplando aquella antigua y espaciosa sala. De pronto sintió que alguien le llamaba, que le atraía poderosamente y, al voltear su vista hacia la escalera, descubrió una figura fantasmal vestida de novia. A diferencia de toda la gente, él no sufrió impresión alguna al ver a la muerta. Con gran emoción dijo:

- ¡Doña Anunciación!

Y ella le contesto:

- ¡Don alonso!

Al tiempo que extendieron sus manos descarnadas y se besaron con amor. Después, tomados del brazo como dos enamorados, salieron de la casa y se encaminaron por el callejón hasta llegar a la capilla de San Francisco. Ahí los recibió un fraile quien, en ese momento, no pudo mirarles el rostro que ambos llevaban cubierto.

El caballero misterioso pidió hablar con Fray Matías Tolentino. El fraile contestó que fray Matías había muerto hacía ya 50 años, pero que él era su sobrino y que estaba en la mejor disposición de ayudarlo; entonces el caballero le solicitó que los casara en ese preciso momento, pero el fraile contesto que sería más prudente esperar al día siguiente para realizar la ceremonia de acuerdo a las normas cristianas.

El caballero insistió diciendo que los designios de Dios eran inaplazables y que ese día por fin había llegado, para que el alma de una mujer que había estado sufriendo durante ciento cincuenta años por no haberse podido desposar a su tiempo, lograra encontrar la paz y el descanso eterno, que por favor lo hiciera tal y como debió haberlo hecho su tío hacía ya tantos años.

La boda se celebró casi en tinieblas, y como si el sobrino del viejo fray Matías de Tolentino obedeciera antiguos mandatos, procedió al casamiento y pronuncio las siguientes palabras:

- En nombre de Dios, han quedado unidos en matrimonio y que solo la muerte los separe.

- No fray Tolentino - respondió el caballero - esta vez será al contrario, las muerte nos unirá.

Y con pasos silenciosos que no resonaban en la quietud de la bóveda de la capilla, los recién casados se alejaron, mas antes de alcanzar la puerta, el fraile los detuvo para preguntarles sus nombres.

- Mi nombre es Alonso García de Quevedo, - respondió el caballero, y a la luz de un sirio, la dama dijo:

- Yo me llamo Anunciación Avealar.

El fraile, quien hasta ese preciso momento pudo ver en aquel rostro descarnado el espectro de una mujer vistiendo el traje de novia, sintió congelar su sangre y llenó de pánico gritó:

- ¡Dios mio! ¡Dios mio! ¡He casado a una muerta!

Y corrió a su celda en donde hojeó un antiguo libro. Era el mismo libro que le dejará su tío en donde en donde escribió el relato aquel de La aparición del callejón del suspiro. 

Al día siguiente, los tempranos moradores de la capital de la Nueva España, descubrieron fuera de la iglesia el cadáver del misterioso cabalero y dieron parte a la justicia. Los alguaciles acudieron y entre las ropas del muerto, encontraron un documento que lo acreditaba ser don Alonso García de Quevedo.

Cuando el sobrino de fray Tolentino se enteró de la muerte de don Alonso, acudió al tribunal del santo oficio, pero pese a que llevaba con sigo el testimonio del viejo libro donde se asentaba el relato de su tío, nadie le creyó.  

Fuente: Tradiciones y Leyendas de la Colonia de la editorial Época.


sábado, 8 de noviembre de 2014

La Verdadera Leyenda de la Llorona...

La llorona es quizá una de las leyendas más antiguas y conocidas en México, y extendidas
al resto de América Latina, y como es de esperarse de una buena historia, tiene tantas versiones como se puedan imaginar: hay quienes afirman que era la antigua diosa azteca Cihuacóatl, otros que pudo haber sido la célebre Malinche o Doña Marina, la pareja de Hernan Cortés; hay otros, sin embargo, que la ubican como una mujer de gran belleza que existió durante la época del México colonial.
Pero.... ¿Cual es la verdadera historia? Bueno, esta claro que sera muy difícil que alguna vez lo sepamos, y si así fuera, dejaría de ser una leyenda, una historia de hoguera.
Sin embargo, hay algo en que todas las versiones coinciden, algo que nunca cambia, la esencia de la Leyenda, y eso gente, es lo que voy a contarles. 

Durante los primeros años del México Colonial existió una mujer indígena de gran belleza que se enamoró locamente de un español y con quien tuvo tres hijos, a pesar de ello este caballero nunca la desposó y sólo la visitaba en limitadas ocasiones. Años de ausencia más tarde, por así convenirle a sus intereses, el español contrajo nupcias con una mujer española. Cuando la mujer indígena se enteró de la traición, enloqueció de rabia y celos a tal grado que asesinó a sus tres hijos ahogándolos en un río, al darse cuenta de lo que había hecho, llena de un gran dolor, se suicidó también. Desde entonces, su alma no ha tenido descanso y todas las noches vaga por las calles solitarias o cerca de los ríos buscando a sus hijos y llorando por su muerte, lanzando gritos y gemidos capaces de horrorizar a todo el que la escuche. Todavía hoy, si se presta un poco de atención, durante algunas noches es posible escuchar su terrible lamento “¡Ay mis hijos! ¡¿Que será de mis hijos!?” que repite sin descanso, buscando el perdón de sus pecados. Si escuchas con atención a tus abuelos, hay quienes afirman, que hubo una época en que la gente no salia de sus casas después de las 8 de la noche, pues los aterradores gritos lastimeros de la Llorona estremecían hasta los huesos hasta los mas gallardos varones, solo los locos y los borrachos se atrevían a salir a las calles, envalentonados por la enfermedad o el alcohol. Y algunos de estos valientes incautos afirman que en medio de su borrachera, se sentían atraídos hacia una hermosa mujer vestida completamente de blanco, pero que al acercarse, la macabra visión los dejaba horrorizados, tanto que, se dice, algunos caían muertos del espanto. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

Vlad Tepes, el verdadero Drácula

La literatura y el cine están llenos de monstruos míticos, figuras escalofriantes diseñadas por sus creadores para aterrar al público. Desde villanos de la complejidad psicológica de Frankenstein de Mary Shelley, hasta versiones mucho mas burdas pero no menos efectivas como el célebre asesino Michael Myers de la serie de peliculas Halloween, encontrar un buen susto en la historia de la narrativa moderna no es cosa difícil. 
De esa larga lista de representaciones del terror, ninguna puede compararse con la creada en 1897 por el escritor irlandés Bram Stoker. En un golpe de genialidad, Stoker ideó un villano capaz de combinar el canibalismo, el vampirismo y el ejercicio de la más sutil sexualidad. Representado cientos de veces en la pantalla grande y la escena teatral, el protagonista de la novela de Stoker ha habitado las pesadillas de la humanidad por más de ciento diez años. Se trata, por supuesto, del conde Drácula, el voraz vampiro de finos modales y magnética presencia que marcara el principio de la fascinación por la sangre y la antropofagia en la narrativa universal. 
Pero la historia de Drácula es terrible no sólo por el personaje ficticio de Stoker. También lo es porque, a diferencia de otros villanos de la literatura y el cine del horror, el vampiro de Transilvania  está basado en una figura que realmente existió, aterrorizando, gracias a una imaginación infinita para la crueldad, a pueblos enteros. Detrás del con de Bram Stoker se esconde un aristócrata de la Europa del este de los siglos XV y XVI, un auténtico maestro de la locura. Se llamaba Vald Tepes, príncipe de Valaquia, en la moderna Rumania. Le decían "El empalador". 
Vlad Tepes, que tuvo en un puño a la región de los Cárpatos en la segunda mitad del siglo XV, nació en 1431. Fue uno de los hijos de Vladislav II, conocido como "Vlad Dracul", o "Vlado el Dragón", temido cacique de Valaquia. La orden del Dragón gobernó aquella zona de Europa en tiempos complicados. A principios de la década de 1440, el padre de Vlad Tepes firmó, en inferioridad de condiciones, un pacto con los otomanos para garantizar el bienestar de su reino. Entre las condiciones impuestos por los poderosos turcos estaba la entrega de dos de los jóvenes hijos del soberano de Valaquia para ser criados y entrenados en tierra ajena. Ese fue el triste destino de Radu y Vlad, entonces aún en niños, herederos de la gallarda dinastía Dracul. ambos fueron criados por el sultán otomano en condiciones que, uno puede sospechar, incluyeron mucha más humillación que educación. Los dos niños eran, después de todo, hijos de una dinastía despreciada por los otomanos. Es difícil saber qué tanto habrá sufrido Vlad en manos del acérrimo rival de su padre y de su pueblo. Pero lo cierto es que, cuando finalmente volvió a Valaquia a la edad de dieciséis años, su sed de venganza había crecido de manera exponencial. Vlad quería sangre, no paz. Para entonces, su familia ya había sido asesinada de manera cruel y Vlad juró acabar con los enemigos de los Dracul. 
Al poco tiempo, con la ayuda de los húngaros, el temible muchacho se hizo del trono de Valaquia y comenzó a cobrar viejas facturas. Aunque su odio más severo estaba reservado para los turcos, Vlad acabó primero con los boyardos, el grupo de nobles responsables del asesinato de su familia. Tras convocar a los boyardos a una cena de gala, Vlad asesinó a los de mayor edad usando su método favorito: el empalamiento, que no es otra cosa más que provocar la muerte lenta de una persona encajándola en un palo, muchas veces a través del ano. A los boyardos mas jóvenes los obligó a trabajos forzados en la construcción de un imponente castillo. Muchos murieron por hambre, o simplemente agotamiento. Aquel sería sólo el principio de un reinado de sangre como pocos ha visto la humanidad. 
Después de aquella cruel lección a los boyardos, Vlad Tepes se aprestó a gobernar Valaquia con mano aun más dura. Experto en el arte de acobardar a los ciudadanos, comenzó a ejecutar a sus enemigos de manera pública y dolorosa. Era tal su afición por la tortura que, en 1459, realizó un acto que, de tan atroz, resulta difícil de describir. La pequeña ciudad de Brasov se había revelado en su contra, y Vlad Drácula no tuvo piedad. Tomó la ciudad y capturó a sus ciudadanos, mandándolos ejecutar formando una figura geométrica en lo que llamó "Un bosque de empalados". Después, mando montar una mesa justo en el medio donde comió con toda tranquilidad mientras a su alrededor cientos de personas agonizaban aullando de dolor. Ese era el tamaño de su crueldad. 
Vlad Drácula dedicó la siguiente década a vengarse de los turcos, que habían criado después de aquel pacto durante su infancia. Durante años, consiguió victorias salvajes y célebres. En alguna ocasión atrapó a los generales turcos y los abandonó en la frontera, pero sólo después de cortarles los pies y las manos. Su brutalidad se estaba volviendo legendaria incluso para la época, que de por sí no era particularmente misericordiosa. Pero no todos veían con buenos ojos la locura de Vlad Tepes. Poco tiempo más tarde, en una intriga palaciega, el cruel y joven monarca fue capturado y apresado. Se dice que fue entonces que su esposa, a la que amaba profundamente, decidió suicidarse antes que ir tras las rejas. La muerte de su mujer marcaría el resto de la vida del Drácula histórico. Encarcelado en una torre, planeó su venganza. Buscaría liberarse y cobrar aún más vidas. Y, aunque fuera brevemente, lo conseguiría. 
Vlad Tepes estuvo preso cerca de una década. Pero no desperdició ni un instante. Desde la cárcel, conspiró para ganar de nuevo el favor de la familia real húngara, única capaz de liberarlo y permitirle volver al sitio que mas amaba: el campo de batalla. Así, alrededor de 1475, el príncipe de Valaquia finalmente logró lo que quería: gracias a un matrimonio de conveniencia con una condesa húngara que le daría dos hijos, volvió a las andadas. Para 1476 ya había conquistado Valaquia de nuevo. Pero eso no lo dejó satisfecho. Sediento de venganza, emprendió una nueva lucha contra sus enemigos históricos, los responsables de los dolores terribles para su familia y su pueblo: los turcos. Pero esta vez no tuvo tanta suerte. A finales de aquel año, en una batalla cerca de la actual Bucarest, el temido Vlad Tepes fue herido de muerte por el ejército rival. El odio de los turcos por el temible soberano de Valaquia los llevó a atrocidades innombrables. Profanaron el cadáver hasta que quedo irreconocible, luego lo decapitaron y enviaron la cabeza a Estambul, la capital del imperio turco, donde el sultán la exhibió para que sus súbditos pudieran comprobar que el enemigo histórico de su pueblo había fallecido realmente. 
Pero ese fue sólo el principio de la leyenda de Vlad Tepes. A lo largo de los siglos que siguieron, la figura del príncipe de Vlaquia no hizo mas que acrecentarse y complicarse. El folclor de la región comenzó a referirse a él no tanto como un líder militar despiadado sino como un hombre con poderes demoníacos, capaz de conjurar, en batalla, el respaldo de los espíritus mas malignos. Muchos aseguraban que el espíritu de "El empalador" se aparecía en los campos de batalla, inundando de miedo a las tropas rivales. Para el siglo XVI, Vlad Tepes había dejado de ser el soberano mítico de Valaquia. Ya era, para todos aquellos que escuchaban su nombre, el vampiro de los Cárpatos. Era cuestión de tiempo para que esa leyenda llegara a oídos de un joven novelista irlandés. 
Cuatrocientos años pasaron entre la muerte de Vlad Tepes cerca de Bucarest y el nacimiento de la que sería, hasta nuestros días, la figura mas aterradora de la mitología de terror contemporáneo. Para el siglo XIX, la historia de Vlad Tepes había sido recogida en distintos libros de autores reconocidos. Una o más de estas obras alcanzaron a Bram Stoker, un escritor irlandés obsesionado con el folclor europeo. Stoker seguramente se topó con la historia de Vlad Tepes en algún libro que narraba la historia turbulenta de la región de los Cárpatos en la parte final de la Edad Media. Por si fuera poco, Stoker mantenía una amistad cercana con varios estudiosos que, como él, seguían de cerca a las misteriosas figuras que rondaron no sólo el imperio otomono sino el entorno húngaro trecientos años atrás. En cualquier caso, para finales del siglo XIX, Bram Stoker ya había comenzado a escribir una novela que tenía como protagonista a un conde transilvano que, fascinado por la vida eterna, emigraba misteriosamente a las costas de Inglaterra en busca de nuevas conquistas mortales. 
Como Vlad Tepes, el Drácula de la novela de Stoker había combatido a los turcos y estaba enamorado de las más negras artes mágicas. Desde su aparición en la Inglaterra Victoriana, al novela causó un revuelo inusitado. Su potente carga erótica convirtió al libro -y a su diabólico personaje- en objeto de polémica y culto. En el siglo que ha pasado desde entonces, el conde Drácula ha aparecido cientos de veces en la pantalla grande, siempre representado como una figura al mismo tiempo melancólica y violenta. ¿Que habría pensado Vlad Tepes de su destino como personaje de ficción? Seguramente le habría encantado. ¿Quién lo diría? A través de Drácula, el príncipe de Valaquia finalmente conquistó la inmortalidad en millones de pesadillas. 

Fuente: Historias Perdidas - León Krauze